Terremoto Haití 2010

Terremoto HAITÍ

A las 22:54 horas en España o 16:54 horas en Haití del 12 de enero de 2010, la tierra se abrió en ese país americano.

12 de Enero de 2010

Un terremoto de 7,3 grados en la escala Richter y con una duración aproximada de 60 segundos, causó una de las mayores tragedias… Pueblos arrasados, miles y miles de fallecidos, poco cobijo, agua, comida o suministros para los supervivientes, caos, miedo, ningún lugar donde huir…

A las 08:30 horas del día siguiente, éramos activados la Sección de Intervención en Catástrofes (SIC) de la ONGD Bomberos Sin Fronteras

El vuelo hasta Santo Domingo:

Ese mismo día, horas después, volábamos Víctor Hernández Navarro y yo con nuestros petates desde Tenerife a Madrid, donde nos uniríamos con el resto del equipo: 7 compañeros y dos perros de rescate, más nuestro material, 600 kilos en total.

Trámites hechos: Aviso a la Embajada Española en República Dominicana, al AECID sobre las características y naturaleza de nuestra salida (rescate y salvamento de víctimas), gestión de licencias , contacto con Cuerpo de Bomberos de Santo Domingo para coordinar nuestro traslado hasta Puerto Príncipe y los permisos para cruzar frontera por Jimaní.

Primera noche por tanto en vela, con los nervios a flor de piel, teniendo que dejar hilvanado todo (trabajo, permisos, responsabilidades familiares…) y con un solo objetivo en mente: Hacer lo que sabemos, para lo que nos hemos entrenado y dejarnos la piel allí.

Nueve horas de vuelo hasta Santo Domingo. Viaje tranquilo. Algunos pasajeros nos preguntan por la situación en Haití, qué vamos a hacer… Nos dan ánimos y nos desean mucha fuerza y suerte. Nosotros aprovechamos esas horas para ir organizando el equipo. Yo tengo el cargo de Jefa de Rescate, así que hablo con los compañeros, repasamos el listado del material, métodos de intervención, etc. También intentamos descansar pues sabemos que los próximos días serán duros, sin horas para dormir seguramente.

Convoy de camino a Puerto Príncipe:

La misma noche de nuestra llegada, a las 5 de la mañana tenemos preparado el convoy de vehículos todoterreno camino de Puerto Príncipe, acompañados y escoltados por el General de Brigada de los Bomberos Dominicanos. 11 horas con tráfico caótico, deficientes condiciones de la carretera, saturación en la frontera… Agotados y molidos como zurrones llegamos al Campamento del contingente dominicano con protección de los Cascos Azules de la ONU. 

Cuando nos presentamos a los mandos al frente y solicitamos misión nos comunican que hay toque de queda y no recomiendan salir del campamento por motivos de seguridad. Nosotros insistimos en que hemos ido a trabajar y solicitamos objetivos y lugares a los que ir. Al final acceden y activamos nuestro operativo y montados en techo de camión de bomberos, agazapados para no ser vistos por los habitantes que deambulan por las calles en busca de comida, agua, ropa o lo que sea. Los militares, armados, nos guían y protegen. 

Pudiera parecer una película, pero no, era real. Nosotros no tenemos miedo, sí respeto. Comprendemos lo que toda esa gente está pasando, cualquier población en su situación haría lo mismo por supervivencia. 

Localizadores y Sensores:

Desde esa noche oscura y cerrada, nuestra energía se centró en trabajar y trabajar a destajo: casas, colegios, chabolas, garajes… todo parecía igual, escombros sobre escombros, amasijos de polvo con hierros, y enseres personales, cuerpos aplastados, hinchados, deformados o mutilados. 

Nuestro equipo cinológico (nuestros dos perros de agua) junto a sus dos guías, son los primeros en hacer el rastreo de búsqueda. Están enseñados a detectar cualquier presencia de vida y para ello debemos despejar toda la zona de personas, sean rescatadores, familiares o amigos. En varias ocasiones tuvimos problemas para llevar a cabo nuestro cometido, negándonos la entrada inicialmente. No entendían que algunos equipos de rescate hubieran llegado allí y tras supervisar la zona se hubieran marchado, posiblemente por evidenciar que no había nadie vivo sepultado. Ellos están nerviosos, muy afectados, desesperados por encontrar a los suyos… ¿quién no estaría así? 

Tras los perros, comenzamos a trabajar con el TPL, localizador de víctimas sepultadas, equipo de sensores geofónicos. Herramienta que detecta vibraciones a muy baja frecuencia y es capaz de localizar a una persona enterrada bajo una profundidad de 7 metros aproximadamente.

Para acto seguido, desescombrar, apuntalar, asegurar y reptar, con un único objetivo llegar hasta ese olor detectado por nuestros compañeros caninos, ese débil sonido imperceptible a nuestros oídos y con suerte, encontrar a quien necesita nuestra ayuda desesperadamente.

Una huella imposible de olvidar:

Haití dejó una huella profunda en mi alma: imposible olvidar aquel cole con tantos niños y niñas enterrados, muertos… Aquellos padres y madres en shock esperando nuestras nefastas noticias; O personas malheridas, tiradas por las calles, entre basuras y tierra y sin tener capacidad para ayudarlos a todos; sentir como un niño se agarra a tus piernas, a tu mono de trabajo implorando con sus ojos llenos de lágrimas y terror que le des cobijo, confianza, amor… Imposible dejar atrás esas imágenes, ese olor a muerte impregnado en tu ser… 

Así fue esta catástrofe, y como tantas y tantas otras, olvidadas de inmediato por la mayoría…. Triste realidad… 

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Publicaciones en la prensa:

Dossier en .pdf

Los vídeos:

Pequeños clips de vídeo extraídos de diversas cadenas de televisión.

Interacciones con los lectores

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