¿Por qué ser bombera?

La pregunta del millón.

       La pregunta del millón: ¿por qué una mujer se empeña en ser bombera y con ello alterar un mundo de hombres que estaba plácidamente desarrollando su labor?

        Y yo pregunto: ¿acaso un sueño tiene género masculino o femenino? ¿tan imposible parece que una niña pida a los Reyes Magos un camión de bomberos en vez de una “Barbie”?

        Pues sí, habemos mujeres que luchamos como verdaderas samurais para hacer realidad nuestra ilusión. Y digo “luchamos”, porque el halo de fantasías creadas se destroza al entrar de lleno con la realidad: un trabajo de hombres, no desean a ninguna fémina cerca cortándoles el rollo, la infraestructura no está preparada para ello, les costaría demasiado dinero acondicionar los parques! Y entonces, intentan evitar ese desastre con las pruebas de ingreso; se les oye decir: “si ha de entrar una mujer debe ser muy fuerte, la más fuerte”, vamos una “superwoman”.

        Y yo reflexiono: de acuerdo que es una profesión dura, en la que hay que estar a la altura del esfuerzo tanto físico como emocional y mental, pero dudo mucho que yo sea una superdotada por ostentar el para mí, triste título de primera y única mujer bombero de Canarias. ¡No!, soy una más de entre ese, quizás por ahora reducido número de mujeres, que intentamos tirar un gran muro de inconvenientes, posturas anticuadas, vetos económicos, cánones establecidos, etc.

        Tuve la inmensa suerte de que mis Magos de Oriente me regalaran la oportunidad de hacer real mi vocación hace ya dos años y pico, ¡y no ha pasado nada! Mi parque funciona como siempre, soy un compañero más, con traje de intervención, casco y equipo de respiración autónoma soy igual a cualquier otro, sin nombre, sólo un número. La única diferencia existe a la hora de ducharme y cambiarme de ropa, pues aún hoy he de hacerlo fuera de las dependencias de mi lugar de trabajo, con las consecuencias que ello estriba. Pero claro, esta muralla es mucho más infranqueable…

        Ha sido mi meta más dura, la montaña más alta y costosa, pero la que me ha dado la alegría más grande aquel primer día que me vestí de bombero.

icono-Reyes-mini

       La pregunta del millón: ¿por qué una mujer se empeña en ser bombera y con ello alterar un mundo de hombres que estaba plácidamente desarrollando su labor?

        Y yo pregunto: ¿acaso un sueño tiene género masculino o femenino? ¿tan imposible parece que una niña pida a los Reyes Magos un camión de bomberos en vez de una “Barbie”?

        Pues sí, habemos mujeres que luchamos como verdaderas samurais para hacer realidad nuestra ilusión. Y digo “luchamos”, porque el halo de fantasías creadas se destroza al entrar de lleno con la realidad: un trabajo de hombres, no desean a ninguna fémina cerca cortándoles el rollo, la infraestructura no está preparada para ello, les costaría demasiado dinero acondicionar los parques! Y entonces, intentan evitar ese desastre con las pruebas de ingreso; se les oye decir: “si ha de entrar una mujer debe ser muy fuerte, la más fuerte”, vamos una “superwoman”.

        Y yo reflexiono: de acuerdo que es una profesión dura, en la que hay que estar a la altura del esfuerzo tanto físico como emocional y mental, pero dudo mucho que yo sea una superdotada por ostentar el para mí, triste título de primera y única mujer bombero de Canarias. ¡No!, soy una más de entre ese, quizás por ahora reducido número de mujeres, que intentamos tirar un gran muro de inconvenientes, posturas anticuadas, vetos económicos, cánones establecidos, etc.

        Tuve la inmensa suerte de que mis Magos de Oriente me regalaran la oportunidad de hacer real mi vocación hace ya dos años y pico, ¡y no ha pasado nada! Mi parque funciona como siempre, soy un compañero más, con traje de intervención, casco y equipo de respiración autónoma soy igual a cualquier otro, sin nombre, sólo un número. La única diferencia existe a la hora de ducharme y cambiarme de ropa, pues aún hoy he de hacerlo fuera de las dependencias de mi lugar de trabajo, con las consecuencias que ello estriba. Pero claro, esta muralla es mucho más infranqueable…

        Ha sido mi meta más dura, la montaña más alta y costosa, pero la que me ha dado la alegría más grande aquel primer día que me vestí de bombero.

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